Tema
Tengo cáncer terminal, pero estoy bien es un manga autobiográfico en el cual su protagonista y autora, una dibujante de manga erótico de 38 años, es diagnosticada de cáncer de colon en fase terminal.
Puntos fuertes
Muchas obras tratan el tema oncológico desde el punto de vista del paciente superviviente, pero esta obra nos narra las vivencias y pensamientos de una paciente en fase terminal, lo cual ya dota de gran valor a esta patografía gráfica.
Hilnama, una dibujante de manga erótico de 38 años, representada aquí como una conejita que recuerda al estilo ukiyo-e de los antiguos grabados japoneses, es diagnosticada de cáncer de colon y, a lo largo de la obra, nos mostrará su proceso desde los primeros síntomas antes del diagnóstico y sus primeras consultas hasta los síntomas derivados de la recepción de quimioterapia. Pruebas como la gastroscopia y la colonoscopia, su preparación previa, el ingreso, la intervención quirúrgica y todo lo que la rodea, el dolor postoperatorio, las dudas, el miedo, las conversaciones con amigos, pareja…la autora parece no querer dejar nada en el tintero.
A pesar del demoledor diagnóstico y de los temas tratados en la obra, diría que el tono de la obra es alegre, pero no deja atrás la crudeza y realismo que requiere. El lenguaje predominante en este cómic es jovial y directo, propio de la personalidad animada y positiva de la autora, lo cual contrasta en ocasiones con el texto más académico propio del lenguaje sanitario también presente en la obra. La autora misma nos indica en la nota al final del primer capítulo que decidió a partir del siguiente ser asesorada por dos médicas para poder transmitir de forma rigurosa y responsable la información.
En esta obra no veremos a la autora jugar con la disposición de viñetas o las metáforas visuales, a pesar del contraste que supone ver su propia representación, la de su marido y su cuñada como conejos frente a la del resto de personajes humanos (algo que aun así no creo que sorprenda a los más acostumbrados al «lenguaje manga»), pero sí recoge, alejándose de una narrativa clásica, de forma muy detallada, distintos elementos propios de esta clase de procesos, como en el caso de los efectos adversos de la quimioterapia, el postoperatorio y su recuperación o el uso de un reservorio para la administración de medicación, por citar algunos ejemplos. Así pues, en muchas ocasiones, el texto inundará las páginas, algo que diría deriva del deseo de la autora de expresar con el máximo rigor y detalle cada una de las conversaciones y pensamientos mostrados en el manga, con el fin último de formar y ayudar a los lectores.
Existen particularidades propias del Sistema Sanitario Japonés en la obra que difieren de lo que podríamos encontrar en nuestro país pero que, creo, nos harán valorar más nuestro Sistema Nacional de Salud. Plantear un retraso en el ingreso para evitar que el pago de un PET-TC recaiga en la paciente y no en su seguro, o la necesidad de contar con alguien que avale sus gastos médicos, son cosas que, cuanto menos, sorprenderán al lector español. A pesar de todo, las palabras que la autora dedica al personal sanitario, y al Sistema Sanitario Japonés en su conjunto, son siempre de agradecimiento (salvo para el «Dr. Inepto» del inicio…). En sus páginas veremos reflejados decenas de profesionales: auxiliares, enfermeras, internistas, cirujanos, oncólogos, gastroenterólogos, administrativos, terapeutas ocupacionales, personal de Farmacia, UCI…
Y, aunque el tema central de la obra es el cáncer de su protagonista, también toca temas como el maltrato infantil (a través de su propia experiencia) o la depresión (en este caso a través de la figura de su marido). La obra no se olvida de la importancia de «cuidar al cuidador», de los pequeños detalles, de la necesidad de apoyo, comprensión… incluso se atreve a aconsejar evitar determinados comentarios y anima a hacer otros frente al paciente paliativo.
La presencia de un pequeño resumen de lo vivido hasta ahora al inicio de cada capítulo puede resultar extraño y repetitivo para algunos lectores, pero es algo derivado de su publicación original en formato episódico.
Por qué es medicina gráfica
Tras lo comentado anteriormente, parece evidente la respuesta a esta pregunta. Se trata de una patografía gráfica desde el punto de vista de una paciente terminal, repleta de detalles e información en torno al proceso. La obra permite al lector sanitario ganar empatía en esta clase de procesos, dotar de un contexto y una realidad a lo que en otra clase de obras se limita a textos académicos genéricos. Permite a otros pacientes y familiares que quizás estén pasando por una situación similar ver una representación optimista de un proceso de enfermedad tan grave como este, sin restarle realismo a su vez. Sentirse más acompañados en el proceso y, al entorno del paciente, a comprender y aprender cómo sobrellevar la situación y ayudar de la mejor manera a una persona con una enfermedad como esta. En cualquier caso, dada la naturaleza demoledora de estos diagnósticos, a pesar de su tono predominantemente alegre, es evidente que no es una obra que todo el mundo reciba de la misma manera, así que es recomendable estudiar cada caso y cada recomendación con el fin de evitar precisamente resultados adversos.
Aunque no sea el tema central de la obra, también resulta interesante para el lector, por los mismos motivos, lo mostrado en sus páginas en cuanto a depresión y maltrato infantil.
Su autora fue diagnosticada de cáncer en 2019 y, a día de hoy, tiempo después de la publicación de la obra, sabemos que finalmente falleció en 2022. Desde entonces, su marido ha tomado las riendas de sus redes sociales (e incluso creó un perfil para sí mismo) y continúa luchando por mantener vivo el legado de su esposa y ayudar a difundir su obra.
Premios y enlaces de interés
Web de la editorial con muestra de las primeras páginas.
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